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sábado, 6 de octubre de 2012

Las dos banderas del Barça


Hay en Madrid un sentimiento de incomprensión, rechazo y cierto miedo a la combustión de sentimientos que se vivirán el domingo en el ambiente del clásico del Camp Nou. Quienes denigran la relación entre deporte y política olvidan que nunca como ahora el orgullo deportivo por los éxitos del Barça y el ansia de expresión catalanista, ligada históricamente al club, han estado tan armonizados y en un punto de máxima necesidad de expresión. El Madrid se encontrará con un Camp Nou convertido en una olla a presión, y con un Barça que hoy enarbola dos banderas: la de un club global, que exhibe un fútbol pletórico, admirado y victorioso, con el que se identifica toda su masa social, y la de una entidad centenaria adscrita a defender siempre la imagen de Catalunya.

No hay que olvidar tampoco la resonancia mundial de los Barça-Madrid y que esta vez converge en el partido una coyuntura de reivindicación nacionalista ideal para que el Barça asuma su condición de ‘més que un club’ y vuelva a recuperarse aquella vieja etiqueta que le colgó Vázquez Montalbán durante el franquismo, calificándole de ‘ brazo armado de Catalunya’. No es la primera vez que se exhibirá un mosaico con la ‘senyera’ en el estadio barcelonista, pero sí la ocasión que, con más vehemencia y claridad, todo el movimiento independista trate de internacionalizar sus reivindicaciones, de ahí la proclama ‘Totes les estelades al Camp Nou’. 

La instrumentación del fútbol por los conflictos sociopolíticos está en la historia del mismo deporte, y este Barça-Madrid se presenta como la sublimación de una rivalidad social, política y deportiva que va mucho más allá del terreno de juego. Y quizá por eso tampoco ha dudado el presidente Rosell –traicionando incluso lo que les contó a los socios en la campaña electoral- a poner al club “al servicio de Catalunya”, con un minireferendum en el estadio a favor o en contra de la independencia. 

La realidad es que, ni en la grada ni en el campo, el Barça ha querido esta vez desperdiciar la ocasión de fundir sus dos banderas, la catalana y la futbolística, para defender ante los ojos de todo el planeta el orgullo de –en palabras de Pep Guardiola- “ese país pequeño de ahí arriba”.

Publicado en www.diariogol.com



miércoles, 25 de abril de 2012

No basta con Cuenca y Tello


El deporte siempre tiene dos caras y el Barça ganador de Guardiola también las está descubriendo ahora con dolor. Lo ha hecho en un momento de euforia colectivo, de absoluta implicación entre afición, técnico y jugadores, y por eso la derrota frente al Real Madrid, en la Liga, y la eliminación en la Champions ante el Chelsea están siendo un golpe durísimo. La confianza de este Barça en sus posibilidades era absoluta, empujaba el entorno, y desde el optimismo ambiental se reforzaba la fe de los futbolistas. Pocos esperaban perder los dos títulos de golpe, y menos con la suerte tan en contra.  Por eso, cuando esta vez ha salido cruz en el vuelo de la disputa deportiva, está costando mucho más asimilar el varapalo.

Una derrota puede ser inmerecida, pero casi nunca es injusta. La balanza se decanta hacia el que ha sabido jugar de manera más inteligente  el que ha dominado mejor  la tensión y los nervios, o ha jugado sus armas con más eficacia y astucia. Eso hicieron el Madrid y el Chelsea en el Camp Nou, aunque el juego preciosista de los azulgranas, siempre valientes y ofensivos, hiciera pensar que eran más merecedores de la victoria. Cuando en el deporte fallas y perdonas en los momentos en que eres superior, el destino es implacable y te castiga con la derrota. El Barça lo ha vivido en esta eliminatoria de Champions, sin ser capaz de imponer su abrumadora superioridad en el campo. Fue mejor en Londres y fue mejor en el Camp Nou, pero no fue ni más listo, ni más certero que su rival. Y por eso cayó.

También hay errores de gestión que han influido en los dos malos resultados del Barça. Se ha visto muy claro que la eficacia e inspiración del equipo ha ido a menos, y que hay pocas respuestas y soluciones cuando los goles de Messi no llegan. Las lesiones de Villa y Affelay son un atenuante, pero no lo explican todo. Guardiola, que no ha acabado de exprimir las incorporaciones de Cesc y Alexis con acierto, decidió jugar al todo o nada, cuando decidió apostar por los jugadores del B y renunciar a más fichajes.  No contó con el factor de la experiencia, ni valoró la falta de una estrategia alternativa capaz de responder a los equipos que, como el Chelsea, han estudiado detenidamenlte el juego del campeón.

 Cuando Guardiola buscó soluciones de emergencia al atasco ofensivo frente a los ingleses, se encontró desarmado. Fiado a las genialidades de Messi y a los regates de Iniesta, el Barça no supo imponer su superioridad anímica y numérica con otras variantes ofensivas.  No le bastó con Cuenca y Tello para combatir la experiencia y profesionalidad del Chelsea. No hubo disparos desde la segunda línea que provocaran rechaces, ni contó con la astucia de un delantero puro para rematar los numerosos centros al área de los ‘blues’.  Las decisiones tácticas y técnicas tienen siempre sus consecuencias, y así ha sido también esta vez. Y el castigo de la eliminación ha penalizado al Barça por prescindir y no tener un plan B