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viernes, 14 de diciembre de 2012

Estilo Barça


El anuncio del acuerdo para la renovación de Xavi Hernández hasta el 2016 debe celebrase como un merecido reconocimiento del Barça a la trayectoria del mejor centrocampista español. Para entonces tendrá 36 años y podrá retirarse con los honores de una larga y modélica vida como blaugrana. No son frecuentes los detalles sentimentales en las grandes operaciones mercantiles del fútbol, ni los gestos directivos hacia los deportistas ejemplares. Sin embargo, hay excepciones, como la que tiene el Barça ahora con Xavi, que dignifican una manera de hacer las cosas. El estilo Barça.

El club ya está redactando un nuevo contrato, que no tendrá, como los anteriores, condicionantes por partidos jugados, o por rendimiento y efectividad. A Xavi se le renueva como un jugador imprescindible, espejo para el fútbol base y referencia por su comportamiento, liderazgo e implicación con el club. Le da al jugador de Terrassa la posibilidad de jugar sus últimas tres temporadas a plena confianza, sin ninguna presión, como el gran timón del Barça que es.  Supone también el premio a su generosidad y esfuerzo desde que llegara con 11 años a la Masia blaugrana, y a su amor por el oficio de futbolista.

Los dos entrenadores que han sabido exprimir mejor las virtudes de Xavi Hernández han sido Guardiola y Luis Aragonés.  Del ‘sabio de Hortaleza’ siempre recuerda Xavi un consejo que le dio: “Si eres egoísta, mejor jugar al golf o al tenis”. En el Barça aprendió desde pequeño a jugar para los demás. Si la trayectoria de Xavi Hernández habla de algo es, sobre todo, de su sentido colectivo, pasión por el fútbol y arraigo a la identidad de su club de siempre. Ha sido su hogar y aquí, entre rondos e infinitas repeticiones para coordinar los movimientos, le enseñaron “a hacer volar la pelota” y “a crear espacios que no existen”. Pura invención y creatividad con la que Xavi se identifica plenamente, ya que no es habitual encontrar un futbolista con tanto entusiasmo por su trabajo. Desde esa vocación de servicio al grupo, ha sabido darle un estilo al Barça y la selección, siempre desde la capacidad de superación y sobre la creencia de que el éxito profesional no llega sin un riguroso trabajo previo.

Con sus 651 partidos con la camiseta del Barcelona, Xavi también escribirá un capítulo difícil de superar como el jugador con más partidos en la historia del club. Además de referente para futuras generaciones, se irá con  un palmarés envidiable: premio Príncipe de Asturias —junto a Iker Casillas—, más de 100 veces internacional, mejor jugador de la Eurocopa 2008 --la primera de las dos que ha ganado con España-- y pieza clave en el equipo que se coronó en el Mundial de Sudáfrica-2010. Pero, entre todos, el premio mayor será el unánime reconocimiento de los técnicos a la hora de valorar su técnica depurada, su extraordinaria visión de juego y su categoría humana para hacerse valioso en el campo, pero también fuera de él.


Publicado en www.diariogol.com

jueves, 21 de junio de 2012

El momento de Cesc


Enrarecidos por las dudas externas y las críticas a las alineaciones de Del Bosque, España se enfrenta a Francia sometida a la presión de tener que sentarse en el diván, para descubrir nuevamente la esencia y secreto de sus éxitos. La selección ha tenido momentos buenos, regulares y malos en sus tres primeros encuentros, pero los más radicales y duros con el seleccionador por sus elecciones en la Eurocopa no dan tregua ni tiempo. Y se ponen una venda en los ojos para olvidar ahora la historia de decepciones que marcaba a la selección antes de que Luis Aragonés, y luego Del Bosque, apostaran por un estilo de juego basado en la técnica, juego de posición, movilidad y capacidad de improvisación de los jugadores del Barça. Así cambió España y así, con el estilo de toque y posesión que  ha encumbrado a los azulgranas, también llegó la selección a lo más alto, en la Eurocopa 2008 y el Mundial 2010. Los éxitos deberían tener más peso, y esa falta de confianza que se detecta en el entorno está enojando mucho a Del Bosque, al que también se le han visto dudas en Gdansk.


  
Amante del equilibrio en sus equipos, siempre aferrado al doble pivote con Alonso y Busquets, el seleccionador es el primero que debería dar ahora un paso al frente, y apostar decididamente por reforzar la identidad y estilo de España que, como al Barça, le ha resultado más rentable. Hay una certeza, y es que los mejores minutos de España en Polonia han sido con Cesc Fábregas y Iniesta juntos en el campo, y el mayor número de jugadores del Barça asociándose. Para enfrentarse a una Francia también llena de problemas internos y descalificaciones, tras su inesperada derrota frente a Suecia, a la selección le es necesario, más que nunca, recobrar la seguridad y la confianza perdidas. Y pasa por reencontrar también la fluidez, el ritmo, la sincronización y el entendimiento en el campo, que serán más fáciles con Xavi volviendo a canalizar el juego, y sintiéndose reforzado por  Piqué, Busquets, Iniesta, Cesc y Pedro, sus socios en el Barça. Una vuelta a los orígenes, la columna vertebral con la que se triunfó.

Nunca España ha ganado a los franceses en competición oficial. De seis partidos en los grandes torneos, España ha perdido cinco y empatado uno (en la Eurocopa de 1996, en la fase de grupos). Es sólo la estadística, que está para romperla, pero no son los ‘bleus’ un rival para andar con dudas, y menos cuando todo el país empuja a Benzema y Ribéry para que den el máximo de una vez y lideren al equipo en el momento decisivo. Lo decía Iniesta, apelando al sentido común: “Que la gente esté tranquila, deben confiar en nosotros. La selección se ha ganado un respeto a base de partidos, victorias y el buen nivel de sus jugadores. Cuando ganas mucho, hay que saber que también es difícil superarse o mantenerse. Ese es nuestro reto”. Y el de Del Bosque también parece claro: volver a poner en el campo al grupo que más rinde y se hace respetar.

No ha estallado aún la gran España, y frente a Croacia, hubo fases de todo tipo. Momentos en los que la selección dominó y estuvo sólida, combinados con otros de vacilación y nerviosismo. No es fácil jugar cuando sabes que el empate vale, y el equipo lo acusó, pero faltó compenetración y clarividencia en el mediocampo, el habitual punto fuerte de los españoles. El reencuentro con la personalidad de la selección sólo llegó cuando Cesc –motivado y en forma tras su lesión-- entró en el campo. Fue con su juego dinámico, búsqueda de los espacios, capacidad de improvisación y llegada al área cuando España logró el gol salvador. Del Bosque debió tomar nota y ahora está obligado a actuar. Volver a la esencia del Barça es el camino para intimidar de verdad a la Francia más imprevisible.